Amanece en Granada, en Jalisco, en Palermo… Y los Chamaco todavía no se han acostado: que la noche es para vivirla, y al día siguiente siempre es domingo… Pero, ¿quién es Chamaco?, pregunta el director del hotel, acosado por los clientes que no han podido dormir en toda la noche.
Chamaco podría ser un concurso veraniego de la tele, un culebrón mexicano de mucho llorar, un plato picante, una marca de tequila o un club con neones verdirojos. En realidad es todo eso y mucho más. Por supuesto, es una forma de hacer música y una estética propia, un sello auténtico. Pero también es una forma insolente de tomar la vida, un corte de mangas a cualquier impostura artística con el que, como amenaza uno de sus temas con más gancho, piensan "romperlo todo" este año.
Manolo España (que al frente de La Guardia ya rompió todo lo que pudo) y Toni Guerrero, Chamaco, cuentan historias, trozos de vida que reivindican una cierta edad de oro, la de esos años setenta que tanto marcaron la música, el cine, la moda o el diseño, y que va desde el camp hasta el landismo hispano. Desayuno para chihuahuas es un desfile de paisajes en cinemascope, resacas amorosas, mujeres fatal con pestañas postizas, chulos italoamericanos en descapotable, postales de la Costa Brava, corazones cosidos a cicatrices, Starkie & Hucht y tantos referentes de un tiempo inagotable.

Chamaco pone banda sonora a la vida, éxitos y fracasos de ese chamaquito que, gafas oscuras y tabaco de importación, escribe con despecho Cartas desde Palermo, promete a su amor comprarle El vestido más caro de México, recorre la Riviera buscando un Corazón anestesiado que no le cause más dolor, o entona la más desgarradora declaración de amor que se recuerde: "por ti lo habría dado todo sin pensar, hasta me hubiera puesto a trabajar si fuera necesario", a ritmo de un impresionante bolero. Porque el chamaquito es un vitalista perezoso por naturaleza (Para mí siempre es domingo, asegura otro tema).
En lo musical, Desayuno para chihuahuas profundiza lo que ya se apuntaba en el anterior trabajo de Chamaco: sonidos fronterizos, sureños, de raíces amplias: desde el pop más mediterráneo al calor mexicano, cruzando por el rock latino, sin pasar por alto una divertida revisión del Fiesta de la inigualable Raffaella Carrá. El primer single, Corazón anestesiado, es una cumbia que exhibe los principios del sonido Chamaco: puro latino, sin falsificaciones, alimentado por esa corriente sonora que cruza desde Italia hasta México pasando por España, y que está por encima de modas de temporada.
Para cocinar este Desayuno, Manolo y Toni se han rodeado de un gran grupo de músicos que garantizan el auténtico sonido Chamaco: Toni Jurado a la batería, Paco Peña en el bajo, la trompeta de Santi Vallejo, la percusión de Rubem Dantas y algunos teclados de Guille Martín. Por el lado técnico, la grabación ha estado a cargo de Juan Miguel Cobos, que se encerró con ellos en los estudios Trak durante un mes, con todas sus noches y sin reloj.
El diseño del disco estará a la altura del contenido: la afilada pareja que forman Monigote y Sobornez, y las fotografías de Andrés López, han atrapado el estilo Chamaco en una colección de cromos a partir de ese papel cuché setentero que tan bien resiste el paso del tiempo.

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